Un espai per a la utopia – Xavier Pedrós Cortasa


LA CRUZ, SÍMBOLO DE REBELDÍA
Abril 15, 2007, 11:57 am
Classificat com a: Esglèsia Popular

En estos días de semana santa, la muerte de Jesús de Nazaret ha sido celebrada y representada en miles de iglesias de pueblos y ciudades de nuestro país y de todo el mundo… También en los teatros, en las calles, en las tradicionales procesiones populares… La persona y el mensaje de Jesús de Nazaret no dejan indiferente a nadie. Ha sido una figura histórica que ha generado pasiones y, a la vez, discordias. En su nombre se han hecho guerras y se han cometido crímenes y muchas injusticias. Bush ha utilizado el nombre de Jesús para legitimar un genocidio en el Iraq. Pero, también en su nombre, muchas personas se han comprometido en hacer realidad su proyecto de solidaridad y de justicia con los empobrecidos de la tierra, incluso dando su vida. Monseñor Oscar Romero, el obispo asesinado en 1980 en El Salvador, es un ejemplo, y tantos otros. Jesús, el campesino de Nazaret no murió en la cama, ni por una pulmonía. Su mensaje y su vida provocó un conflicto en la sociedad de su tiempo. Los poderosos, los Sumos Sacerdotes y el Imperio Romano, lo asesinaron por subversivo político y por blasfemo del Dios de los judíos. La vida, pasión y asesinato de Jesus de Nazaret nos enseña que soportar la cruz no es aguantar con paciencia y resignación la injusticia de este mundo, sino que es rebelarse contra esa injusticia. Como hizo Jesús de Nazaret. Para que en el mundo no haya más atropellos ni más esclavitudes. Ahora bien, esto quiere decir que existe una relación esencial entre la cruz de Jesús de Nazaret y la situación de todos los crucificados de esta tierra: los pobres, los oprimidos, los marginados y los humillados. Optar por la cruz es optar por esas personas, es ponerse de parte de ellas, colocarse a su lado, para que su situación cambie. En definitiva, para que en este mundo haya justícia, paz, solidaridad y amor. Por eso comprendemos ahora que se adultera la cruz de Jesús cuando se hace de ella un instrumento de resignación y paciencia ante los males que aquejan al mundo. La cruz es todo lo contrario. Porque es el signo de la más sagrada rebeldía contra el sufrimiento que unos hombres imponen a otros. La cruz no puede ser nunca la condecoración que lucen en su pecho los satisfechos y los arrogantes. La cruz es el símbolo de los que luchan para que en esta tierra haya más igualdad entre todos, más solidaridad con los crucificados de la historia y más fraternidad entre todos los hijos de Dios.

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Monseñor Óscar Romero, arzobispo de El Salvador, asesinado en 1980 a causa de la defensa de los oprimidos.

 


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