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El arzobispo de Madrid, Rouco Varela, ha decidido, siguiendo directrices del Vaticano, cerrar una parroquia de Vallecas (Madrid) que desde hace más de 25 años atiende a los colectivos menos favorecidos. Los curas de esta parroquia nombran al pan, pan, y al vino, vino. Por eso usan ropa de la calle o, en lugar de las finas hostias blancas, comparten una hogaza de pan. Y el vino, en lugar de ser tipo moscatel, según los cánones litúrgicos, es el vino de granel de la bodega del barrio. Jesús no era un sacerdote, ni un profesor universitario. Era un jornalero del campo que tomó conciencia de la realidad de opresión e injusticia que sufría su pueblo. Y puso en marcha un movimiento de seguidores que pretendía construir una sociedad justa, fraterna y solidaria. ¿Cómo eran las comidas de Jesús de Nazaret? En su mesa de la hermandad tenía silla todo el mundo, especialmente los excluidos y marginados de la sociedad. Su mensaje de liberación, el Evangelio (que significa “Buena Noticia”), infundía esperanza, unión y rebeldía en los desposeídos. Pero muchos obispos y curas han secuestrado el mensaje de Jesús, lo han manipulado y lo utilizan para domesticar y engañar a la gente. Con razón Marx dijo: “La religión es el opio del pueblo.” Se disfrazan de “gurús” y utilizan un lenguaje muchas veces incomprensible. Ahora vuelven a las misas en latín y los confesionarios, niegan la comunión a las personas que “viven en pecado” (divorciados, separados, parejas de hecho, homosexuales…), les gusta construir templos y dicen hablar en nombre de Dios y ser sus representantes en la tierra. Pero el Dios de Jesús de Nazaret es el Dios del amor, de la misericordia, de la justicia y de la libertad. Los dirigentes religiosos, en alianza con el imperio romano, crucificaron a Jesús.

Tenían sus razones poderosas, les había llamado “raza de víboras y sepulcros blanqueados”. Ellos piensan que con la magia de sus ritos pueden manipular la presencia de Dios en una hostia y un cáliz. Pero ignoran que Jesús se hace presente “en el pan y en el vino compartido”. Una eucaristía vacía de justicia y de solidaridad no es la comida de Jesús, es magia y engaño.
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“Praxis de la Esperanza – Educación, empleo y economía social” es un libro escrito por Daniel Jover, amasado desde su reflexión y experiencia militante. En él se plantean alternativas de educación más allá de la escuela, de empleo más allá del trabajo asalariado y los cambios del mercado laboral. Es otra forma de emprender en una economía social y solidaria, campos del compromiso de Daniel Jover a lo largo de treinta años. A modo de ensayo “impresionista”, y uniendo la opción personal-profesional, denuncia el falso dilema entre realidad y utopía, porque las fronteras de lo posible se revelan nuevas dimensiones de la realidad que no habíamos sospechado. Es una apuesta para situar las políticas de educación y empleo al servicio de los derechos humanos y la ética de la igualdad. El autor relata experiencias desarrolladas con sus “maestros amigos” (Josep Maria Rueda, Joan N. García-Nieto y Paulo Freire), en las que pone de relieve la centralidad de la alegría de vivir cooperando y trabajando por la justicia de un mundo mejor, donde pensar y trabajar ya no pueden ser considerados como ámbitos separados que legitiman la división social y funcional del trabajo. Este libro es fruto del sueño de humanizar la humanidad.
Daniel, cuando comenta el eje vertebrador de este libro, dice: “No me refiero, claro está a la esperanza vana o ingenua producto de la ilusión supersticiosa. Sino a la esperanza como amor a la vida y por ende indisociable del amor al prójimo. Esperanza como ese impulso amoroso creador de valor que ayuda a buscar la verdad de la experiencia humana, la realidad de la presencia activa en el mundo. A esa esperanza generadora de la alegría de amar es a la que nos referimos. No a la esperanza “alienadora” y “conformadora” de las situaciones de injusticia o enajenación; que se manifiesta en la pérdida de conciencia de sí, en la tergiversación y manipulación del reconocimiento de la propia identidad personal que nos hace desear fantasías o ficciones. No la vana espera de algo inalcanzable sino el derecho a soñar y amar una vida que sea digna para todos y un trabajo en condiciones decentes. No es posible la experiencia de amor sin esperanza ni confianza en lo que se ama. Y sabemos que no hay más alegría que amar. Por eso también tengo presente la gente que pone sus mejores energías construyendo alternativas a esta sociedad de consumo productivista que rompiendo límites éticos, sociales y ecológicos produce también pobreza, exclusión y su propia destrucción. Con la impresión que a veces produce la metáfora de David contra Goliat. El amor casi siempre es el más fuerte. Podemos confiar.”
El libro de Daniel Jover es una inyección de esperanza y de utopía. Un buen libro para leer y meditar, para alimentar la esperanza, para compartirlo y para regalarlo, como la vida misma.
Daniel Jover es amigo y compañero de camino de la Fundación Marianao, colaborador de la HOAC de Barcelona, es socio-fundador del Equipo PROMOCIONS, miembro del Centro de Estudios Cristianismo y Justicia, del Instituto Paulo Freire y de la Red de Economía Solidaria. Ha publicado Empleo juvenil (2005), La formación ocupacional (1990) y Trabajar para vivir (1999).

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Era el viernes por la noche. Lola, la abogada del Proyecto David de la Fundación Marianao me llama al móbil: Han detenido a Mohamed y a Samir. ¿Motivo? No tener papeles. Lola hacía un rato que había llegado a las instalaciones de la policía nacional, situadas en el Palacio de Marianao. Los dos jóvenes tienen 18 años. Trabajo desde hace años en Sant Boi como Delegado de Asistencia al Menor (Departament de Justicia de la Generalitat). Estoy realizando un apoyo educativo a estos dos chavales, que llegaron desde Marruecos en una aventura que supera cualquier película de ficción. Los dos están vinculados a un proyecto de formación ocupacional en la Fundación Marianao, asistiendo diariamente y con un nivel de integración muy positiva. Mohamed vive en Barcelona, en un piso de acogida. Samir, con su hermano en Sant Boi. A los dos les une la misma situación: “no tienen papeles”. Hablamos con un policía del servicio de inmigración y nos comenta: “Nosotros obedemos las instrucciones de nuestros superiores, hay que evitar nuevos delitos en la calle”. Le preguntamos sobre qué iba a ocurrir con los dos jóvenes. El policía nos contesta que “su detención es debida a que no tienen papeles y así consta en los ordenadores centrales; por lo tanto hay que instruir una propuesta de repatriación a su país. Con un avión en 40 minutos ya están en Marruecos” . Expusimos al policía el trabajo que realizábamos con los dos jóvenes. Conseguimos que a Samir lo dejaran en libertad, pero Mohamed no tuvo la misma suerte. Al día siguiente fue conducido al centro de internamiento para inmigrantes de La Verneda (Barcelona). Lola se puso en contacto con el abogado de oficio con el fín de presentar un recurso contra su repatriación… Aún no sabemos nada. Si ustedes conocieran a Samir y a Mohamed, si ustedes les miraran a sus ojos, si ustedes conocieran su historia familiar y personal…, si ustedes fueran capaces de escuchar su lucha por la vida, su rebeldía, sus sueños… el sueño de todo joven que desea un futuro mejor para él y los suyos…; si ustedes fueran capaces de escuchar los latidos de su corazón…no tendrían palabras para acusarles… Se quedarían mudos, en silencio… Ellos no tienen papeles… pero nuestra sociedad occidental no tiene conciencia, no tiene humanidad. Nosotros tendremos nuestro carné de identidad que acredita nuestra ciudadanía, con sus derechos y sus deberes. Ellos no son personas, no son ciudadanos, no pueden existir…

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Son las cuatro de madrugada. Suena el teléfono. Es la voz inconfundible de la madre de David, que entre sollozos dice: “Por favor, véngase a mi casa. Mi hijo David lo he encontrado muerto en el balcón…” . Era en 1991. David tenía 18 años, le llamaban el “Chuma”. Con él se estaba realizando un trabajo muy intenso desde el Casal Infantil i Juvenil de Marianao, hoy convertido en Fundación Marianao. David decía: “Aquí, en el Casal, es el único lugar de Sant Boi donde soy conocido por mi propio nombre, David.” A raíz de su muerte, decidimos crear un proyecto que diera una respuesta eficaz a los jóvenes enfermos por la droga. Es el Proyecto David, que lleva su memoria y es también el símbolo del pequeño y débil David que lucha y vence al gran Goliat. Quince años más tarde, en la Fundación Marianao, se ha constituido el Grupo de Familias del Proyecto David. Desde el mes de julio del año pasado se reúnen, cada quince días, para compartir el apoyo mutuo, el sufrimiento y también las luchas y esperanzas. Están redactando una “Carta de Identidad”. En ella expresan: “Nosotras y nosotros sabemos de la impotencia frente a la persona amada que se nos escapa de las manos sin poder ayudarla, o el sentimiento de culpa que hemos llevado mucho tiempo encima. Nosotros sabemos en la propia piel lo que significa la pérdida de un familiar, de un hijo o una hija, de un nieto o nieta, del compañero/a, de un pariente … por los problemas de las drogas. Nosotros os podríamos hablar de las largas colas de espera que cada semana tenemos que hacer para ir a visitar a nuestros hijos y familiares a las prisiones. Nosotros os podríamos hablar del dolor silencioso y en soledad que hemos llevado durante años. (…) Pero, por encima de todo, nosotros AMAMOS, como padres y madres, como personas humanas que somos, con nuestras capacidades y limitaciones. Y los padres y las madres amamos a fondo perdido, manteniendo -a pesar de todo- la esperanza de que nuestros hijos puedan avanzar, aprender y superarse con nuestro apoyo incondicional. Necesitan también de la solidaridad de la sociedad y de las instituciones para poder ayudarlos a superar las dificultades que han tenido en su vida.” Las familias se han organizado, con su impotencia, con su clamor… En Sant Boi hay un problema social que queda silenciado. Ellas han roto el silencio. Su lucha es la lucha de todos, también la mía, la tuya, la nuestra…


